domingo, 5 de enero de 2014

Un diario suspicaz


El sector oligárquico y oligopólico de la prensa se ha lanzado a una defensa en torno a dos ejes: 1. El acaparamiento inconstitucional de los medios es una cuestión que solo concierne a ellos, y el Estado y el Poder Judicial no tienen por qué intervenir; 2. La compra del grupo Epensa por el grupo El Comercio no implica injerencia de éste sobre la información y opinión de aquél, ya que la asociación solo se refiere a la parte comercial e industrial.


César Lévano
César Lévano
Razón Socialcesar.levano@laprimeraperu.pe
Son dos argumentos insostenibles. En todas las Constituciones y en toda legislación de los países modernos existen regulaciones y limitaciones para el manejo del periodismo escrito, radial o televisual. El periodismo importa mucho a la sociedad, al país.

En esta columna hemos citado la recomendación papal, inserta en la Instrucción Pastoral Communio et Progressio, de establecer, en caso necesario, un control sobre los medios mediante los instrumentos de la democracia y a través de un consenso político y social.

El otro lado de la autodefensa del oligopolio es que el acuerdo de los dos grupos acaparadores solo abarca lo económico. ¡Pero si ahí está el quid de la cuestión! La presión de los grupos de poder se ejerce a través, por ejemplo, de la publicidad. Manuel González Prada marcaba a fuego a un periodista célebre, que no preguntaba, según Don Manuel, qué ocurre, sino cuánto hay. 

En un alegato a página entera, El Comercio afirma: “Nuestra empresa se mantendrá firme en velar por sus principios y la libertad de expresión en el Perú tal y como lo viene haciendo desde hace más de 174 años.”

Eso es relativo. En épocas sombrías para el país, el diario de la calle La Rifa cohonestó dictaduras, azuzó represiones y matanzas. 

Mi generación, que ingresó a la razón política en 1945, sabe que en esa época El Comercio defendía, en la pluma de René Tupic y de Carlos Miró Quesada, al fascismo, a Hitler y Mussolini. En ese año, hubo unas elecciones históricas, en que se enfrentaron dos alianzas políticas. Una, de la derecha, presentó al general Eloy Ureta como candidato a la presidencia. El Frente Democrático postuló al Dr. José Luis Bustamante y Rivero.

Pues bien: El Comercio publicaba cada día varias páginas a favor de Ureta. En cambio la noticia de la candidatura Bustamante apenas ocupó unas cuantas líneas. Al final, Bustamante y el Frente se impusieron por amplia mayoría. Ureta, un militar que había demostrado valor y pericia en la guerra con Ecuador, reconoció su derrota y se apartó de la política. 

Dejemos constancia, eso sí, de épocas en que El Comercio defendió causas nacionales como la del petróleo. Don Aurelio Miró Quesada se hubiera asombrado de la línea entreguista que hoy atraviesa las páginas de su diario.

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