miércoles, 15 de enero de 2014

Banderas

Cada cual ha leído la propuesta embanderadora de Alan García como ha querido. Para sus críticos ha sido un pequeño festín. Ha sido vista como un exceso triunfalista, una provocación a Chile, una reducción del tema a un reflejo deportivo y, por supuesto, expresión de un craso oportunismo político. El partido de gobierno ha rechazado la propuesta.

Un pintoresco diputado chileno ha hecho la siguiente lectura: García propone embanderar porque sabe que Perú ganará; eso solo puede saberlo habiendo leído la sentencia; en cuyo caso una sentencia filtrada a una de las partes debe ser anulada de inmediato. Por el argumento, el que parece haber leído la sentencia es el diputado.
En verdad embanderar las ciudades puede tener el sentido que se le dé: ratificar una confianza nacional frente a un revés judicial, si queremos ponernos dramáticos; expresar alegría por una fiesta cívica; sumarse a la unión nacional que gobierno y políticos vienen reclamando. Más los giros políticos de la coyuntura interna peruana.
Por ejemplo, izar la bandera puede significar apoyo a García, sobre todo si nadie más se suma a la propuesta. Si algo dicen las cifras de aprobación, en ese caso no veríamos muchas banderas en estos tiempos. Pero exhibir una bandera también puede querer decir apoyo a la oposición, en cuyo caso las banderas aumentarían.
Lo más probable es que sí veamos banderas de aquí al lunes 27, y después. No porque haya una actitud triunfalista o irresponsable en esas personas, ni porque sean parte simpatizantes del Apra o de un club de fans de García. Sino porque exhibir una bandera es una manera de expresarse peruano, y no hay tantas oportunidades para eso. Después de todo las banderas de las personas viven más tiempo dobladas y guardadas, que exhibidas y flameando.
Consideremos la actitud de los suecos, que izan la bandera a título personal en cualquier oportunidad (familiar, local, nacional) que a su albedrío lo amerite. Incluso se sabe de quienes lo hacen por lo hermosa que su cruz amarilla sobre azul se ve contra la nieve recién caída. Una relación fácil y simpática, que no es contra nadie.
Quizás el partido de gobierno ha cometido un error al rechazar impulsivamente el embanderamiento. Estaba en libertad de simplemente no hacerle caso a la iniciativa de García, y dejar que las banderas, pocas o muchas, floten libremente. Pero sumarse quizás hubiera permitido darle un sentido al gesto. Por ejemplo un apoyo a La Haya.
Ya que García hasta el momento parece haberse quedado solo con el tema, convendría que elabore algo más sobre su propuesta, algo que no va a costarle mucho esfuerzo. Esto sobre todo para disipar intencionados malentendidos.

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