Hace bien el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, en tomar protagonismo frente a los micrófonos y exponer el grado de su voz al abordar temas tan complicados como la incidencia de Nadine Heredia en las decisiones de gobierno y, sobre todo, la violencia incontrolable que vive el país. Seguramente en su región, San Martín, sí lo han gozado exponiendo sus argumentos orales, pero a la mayoría de peruanos le resultaba una incógnita su verbo sobre un estrado y qué sustantivo era para encarar los problemas coyunturales, como lo hizo en Huancavelica a plaza llena. La primera conclusión, tras escucharlo en sus recientes apariciones, incluidas las entrevistas en los medios de comunicación, es que trata de dorar la píldora (y la voz parsimoniosa lo ayuda en ese cometido). No es posible, por ejemplo, que diga que la compulsiva presencia de Nadine no le incomoda en su función de Premier y portavoz principal de Palacio, cuando es evidente que la Primera Dama -con el aval del presidente Ollanta Humala- se inmiscuye, además, en donde se le pega la gana y mandonea a "sus" ministros. Quizá él, como asegura, no le pide "luz verde" para tomar decisiones; sin embargo, tampoco puede aspirar a tapar el sol con un dedo ninguneando la autoridad real de la también presidenta del partido oficialista, porque entenderíamos que quiere vernos en el papel de caídos del palto. Nadine cogobierna, o sea da órdenes, y el titular de la PCM debería tener la hidalguía política de aceptarlo y a partir de allí marcar su territorio de acción. ¿Será mucho pedir eso?
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