lunes, 7 de octubre de 2013

Mi guerra a la Iglesia Católica

Guerra a la Iglesia
El fin justifica los medios. Lo sabe muy bien el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne cada vez que abre la boca para emitir sus juicios de valor, tan anacrónicos como el Libro Santo que tristemente guía su inservible labor apostólica en nuestra capital. Mantener el dogma es la casi imposible labor de este señor, que obtiene titulares opinando de lo que menos puede jactarse de conocer un sacerdote: sexualidad. Más que demostrado está que los valores que él defiende son barbáricos e inútiles. Pero el problema trasciende a este triste personaje, defensor de una enferma moral, adoradora de la nada, que pregona su irracional sermón, en un siglo donde ya nadie puede defender el cuento de la virginidad ni el autoflagelo de la castidad sin tener la mínima sospecha de que está siendo timado. El problema encierra a toda la Santa Iglesia Católica.
Lástima me da ver cómo una periodista peruana –abiertamente católica–  en su afán por preservar la vieja idea de que puede extraerse alguna enseñanza moral del cristianismo, no sea capaz de entender que no puede defender los derechos de los LGBT y, a la vez, afirmar abiertamente que forma parte de la antinatural religión católica apostólica romana. No interesa cuántos tweets suelte solicitando “citas de Cristo” de algún Evangelio para sustentar que Jesus no era homofóbico. Ella no puede ignorar aquellos vergonzosos versículos como: “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación” (Levítico 18:22), y que forman parte del mismo Libro Sagrado de su credo. Pero claro, como todo conveniente católico, sencillamente prefiere ignorar estos fragmentos, en su afán de ocultar esta aversión al sexo. Algo así como lunar que todo parroquiano pretende esconder bajo el hábito.
A pesar del sermón que se pueda recibir el domingo en la parroquia local –que esboza un intento de interpretar provechosamente los ambiguos textos bíblicos, y el contradictorio mensaje de la Voz de Dios– las únicas referencias a la desaprobación de la homosexualidad, se hallan en el Antiguo Testamento. Los evangelios carecen de un juicio moral sobre el tema. Por lo tanto, el cristiano de hoy tiene dos caminos: o acepta el dogma tal y como se presenta (como todo fundamentalista cristiano) o adopta la ventajosa postura del católico, que traiciona al cristianismo sin abandonarla del todo. Difícil, la posición de este último, que tiene que tragarse y digerir los agrios mensajes homofóbicos de su propios textos santos y fingir que solo existen los Evangelios, los cuales carecen de una ilación ideológica con sus antecesores escritos.
La unión civil gay no es una caricatura del matrimonio. Lo único caricaturesco que veo es aquel espacio de RPP TV llamado “Diálogos de Fe”, en donde el cardenal, en lugar de hablarnos de temas que claramente demuestra ignorar, debería explicarnos qué se siente recibir la jugosa suma de S/. 2’ 603,000 (Dos millones, seiscientos tres mil soles) por parte del Estado, obtenida de recursos ordinarios; es decir, de nuestros bolsillos. Interesante sería que el periodista que lo acompaña todos los fines de semana se iluminara y le preguntara qué piensa sobre el hecho de que la Liga Peruana de Lucha contra el Cáncer solo obtenga la irrisoria suma de S/. 87 mil, y la Federación de Vóley, S/. 130 mil para todo el año 2014.
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