domingo, 10 de agosto de 2014

La dictadura asesina de Argentina


redactor: Néstor
Scamarone
Si bien Videla y sus colegas militares asesinos llamaron a su gobierno "proceso de reorganización nacional", lo que se impuso fue una dictadura que ejerció el terrorismo de Estado, que es mil veces más perverso que el terrorismo dizque comunista.
Lo triste es que con el pretexto, de eliminar a los subversivos montoneros, tupamaros y otros similares, que efectivamente atacaban y amenazaban la democracia argentina, está jauría de hienas se llenaba de poder y principalmente del dinero mal habido y les importaba muy poco su país, incluso pusieron a la Argentina al borde de un tremendo daño que les pudo infringir Inglaterra y los hipócritas EEUU.
Les incomodaban los pobres e incluso familias tradicionales y antiguas en la historia de Argentina, sufrieron los despojos de sus bienes y es que odiaban y envidiaban al argentino de casta y heroísmo de tradición familiar. No lo hacían por cuidar la democracia, lo hacían porque les incomodaba el ruido contra sus bienes y billetes, así de simple.
Para terminar con las experiencias políticas que anhelaban la transformación social, la dictadura implementó una nueva metodología represiva: la desaparición sistemática de personas y el funcionamiento de centros clandestinos de detención (lugares donde mantenían cautivos a los secuestrados fuera de todo marco legal).
Los "grupos de tareas" (comandos integrados mayoritariamente por militares y policías de baja graduación)se dedicaban a los secuestros y luego trasladaban a los secuestrados a centros clandestinos de detención que podían estar en un cuartel, una fábrica o una comisaría, entre otros lugares y así desaparecieron 8,000 personas, como lo señaló antes de morir el propio Videla.
Una prueba más de la violencia de la época fue la apropiación de niños y niñas, hijos de las personas detenidas. Algunos de esos niños fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron durante el cautiverio de sus madres. Fueron entregados en muchos casos a familias que ocultaron su origen a estos niños. Uno de los objetivos era que los niños "no sintieran ni pensaran como sus padres, sino como sus enemigos". Muchos de esos niños, hoy ya adultos, continúan sin conocer su verdadera historia. ¿Puede existir maldad tan perversa en la mente humana? Ni Mengele, en el feroz nazismo.
Nos ha conmovido hoy día la experiencia de la abuela Estela Corlotto, que después de 36 años, ha encontrado a su nieto. Una oración a nuestro Señor por este milagro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario