Ojos que no ven
En una elección de pronóstico incierto, el Perú llega a la votación de mañana en un ambiente de alta tensión por la creencia de no pocas personas de que, dependiendo del resultado específico, su futuro y el del país podría ser un desastre.
Eso no debería sorprendernos pues así han sido casi todas las elecciones del último cuarto de siglo, desde el enfrentamiento entre Alberto Fujimori y Mario Vargas Llosa (1990); Fujimori y Javier Pérez de Cuéllar (1995); Fujimori y Alejandro Toledo ( 2000); Alan García y Ollanta Humala (2006); y Humala y Keiko Fujimori (2011).
Sea por la preocupación por el destino político e institucional del país, o por el de su perspectiva económica, con frecuencia se cree que las elecciones peruanas enfrentan a una alternativa que va a hundir al país frente a otra que nos salvará de dicho camino; o confrontan dos opciones del tipo sida contra el cáncer; y, al final, muchos se contentan con que al menos gane ‘el mal menor’.
A diferencia de otros países donde las elecciones confrontan al final a opciones distintas pero que no significan, una u otra, el cielo o el abismo, en el Perú se cree que cada proceso electoral nos pone al filo de la navaja.
Eso es lo que vuelve a ocurrir este año, cuando no pocos se sorprenden y asustan por el hecho de que casi siete de cada diez peruanos quisieran ‘cambiar el modelo económico’ –un propósito que, en realidad, puede significar caminos muy distintos y no necesariamente una modificación radical–, a pesar de que la trayectoria económica peruana ha traído beneficios evidentes que, entre otros aspectos, han permitido una reducción muy importante de la pobreza.
Esta situación lleva a algunas personas como, por ejemplo, las del sector empresarial a sentir, más allá de la preocupación por lo que pueda significar la elección para el entorno económico del lustro siguiente, una frustración muy grande y a buscar interpretaciones que, con frecuencia, pasan por creer que los peruanos que votan por esas opciones son una partida de subnormales.
Quienes piensan así podrán tener capacidad de mirar muchas cosas pero no tienen ojos que vean y reconozcan que, no obstante los beneficios innegables que se han producido en el Perú en el cuarto de siglo que ha pasado, aún hay muchas personas que, por carecer de oportunidades y servicios públicos básicos de calidad como la educación, la salud o la seguridad, no logran integrarse correctamente al circuito que les permita llevar una vida digna.
Y eso es lo que empuja a muchos a buscar un cambio a veces radical.
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