Por: Juan Carlos Tafur
El respaldo de la izquierda a Pedro Pablo Kuczynski va a tener impacto en el surgimiento de núcleos modernos y hasta liberales en el seno de una de las fuerzas más retardatorias de la política peruana.
Verónika Mendoza y el Frente Amplio han tomado evidentemente un riesgo al definir su voto, pero el mismo no es tanto que pierda el candidato al que apoyan, sino más bien que gane.
Si PPK llega a Palacio y despliega un régimen asentado en el statu quo, con pequeñas correcciones en materia de flujo de inversiones y una que otra reforma suelta por allí, caerá más temprano que tarde en el descrédito, y ello salpicará a la izquierda.
El país ya no soporta más el piloto automático. Ya hizo sentir su irritación en la primera vuelta, cuando postró casi al nivel de la extinción a todos los rostros visibles de dicha transición y dispuso, con su voto, que un neopartido como Fuerza Popular o Peruanos por el Kambio emprenda las reformas del caso. Si cualquiera de los dos traiciona ese mandato, no podría disfrutar siquiera de una mínima luna de miel.
Si bien el endose explícito de la izquierda puede generar las complicaciones señaladas, a la vez puede ser el gatillo de un mayor tinte liberal. Por lo pronto, las reformas que PPK impulsaría no van a coincidir casi con la ideología del Frente Amplio y, como efecto virtuoso, quizás veamos a nuestra izquierda apoyando las reformas liberales de Kuczynski (¡no puede permitir que no las haga!).
En cualquier caso, ojalá que esta vez no se frustre un valioso esfuerzo por modernizar ideológica y generacionalmente a la izquierda peruana. Esta última elección ha sido el punto de partida y se espera que madure en los próximos años.

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