Por: Carlos Trelles
Siglos atrás, en las décadas previas a la Revolución Francesa, Juan Jacobo Rousseau escribió que la voluntad popular no yerra, obviamente confiando en la sabiduría del pueblo y la virtud de la democracia. Pero había idealismo político en su pluma, pues aunque el consenso de la calle es una fuente inagotable de justicia, puede errar como todo lo humano. Y por eso el veredicto mayoritario tiene límites legales.
Así como el aborto por violación no es necesariamente ilegítimo porque más de la mitad de peruanos lo rechaza, ni el matrimonio homosexual es contranatura porque nuestra tradición mayoritaria católica lo condena, tampoco es beneficioso que Keiko Fujimori sea presidenta porque más de la mitad del país lo quiera.
Hay en los tres casos referidos principios legales-constitucionales y fundamentos básicos de convivencia que deben discutirse más allá de las preferencias grupales. No me referiré a los dos primeros por espacio y porque creo –aunque mi postura es laica y progresista en ambos asuntos– que hay muchas tesis atendibles entre quienes piensan distinto al suscrito. Hablaré del tercer caso, donde encuentro argumentos irrebatibles.
Me cuesta muchísimo decirlo, pero se equivoca la mayoría porque apoya a una candidata que va a liberar a un preso por crimen y corrupción, lo que es ilegal e inaceptable en todo contexto. Aunque el padre de Keiko Fujimori le dio al país resultados de estabilidad que casi todos anhelábamos, rompió con el acuerdo de gobernar en democracia, y eso significó muerte, tortura y daño irremediable para muchos, y saqueo de las arcas públicas.
Y se equivoca dicha mayoría porque precisamente lo que más anhela, que es la seguridad, corre el riesgo de volverse un bien inalcanzable. Keiko Fujimori tiene por lo menos complicidad con las mafias delincuenciales, porque su secretario general “con licencia” no puede explicar el origen de su fortuna, y porque ella y varios de sus congresistas tienen indicios o investigaciones por lavado de activos. Así, tenemos el peligro de que las mafias nos gobiernen, y eso traerá crimen en nuestras calles e impunidad.
Insisto: respeto a las mayorías populares de mente y corazón, pero están tomando una decisión terrible, de incalculables consecuencias. El Perú merece un mejor futuro.

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