jueves, 2 de junio de 2016

OPINIÓN | Carlos Trelles: Keiko y los límites de la voluntad popular

Por: Carlos Trelles

Siglos atrás, en las décadas pre­vias a la Revolución Francesa, Juan Jacobo Rousseau escribió que la voluntad popular no ye­rra, obviamente confiando en la sabi­duría del pueblo y la virtud de la demo­cracia. Pero había idealismo político en su pluma, pues aunque el consen­so de la calle es una fuente inagotable de justicia, puede errar como todo lo humano. Y por eso el veredicto ma­yoritario tiene límites legales.

Así como el aborto por violación no es necesariamente ilegítimo porque más de la mitad de peruanos lo re­chaza, ni el matrimonio homosexual es contranatura porque nuestra tra­dición mayoritaria católica lo conde­na, tampoco es beneficioso que Keiko Fujimori sea presidenta porque más de la mitad del país lo quiera.

Hay en los tres casos referidos prin­cipios legales-constitucionales y fun­damentos básicos de convivencia que deben discutirse más allá de las pre­ferencias grupales. No me referiré a los dos primeros por espacio y por­que creo –aunque mi postura es laica y progresista en ambos asuntos– que hay muchas tesis atendibles entre quienes piensan distinto al suscri­to. Hablaré del tercer caso, donde encuentro argumentos irrebatibles.

Me cuesta muchísimo decirlo, pero se equivoca la mayoría porque apo­ya a una candidata que va a liberar a un preso por crimen y corrupción, lo que es ilegal e inaceptable en todo contexto. Aunque el padre de Keiko Fujimori le dio al país resultados de estabilidad que casi todos anhelába­mos, rompió con el acuerdo de go­bernar en democracia, y eso significó muerte, tortura y daño irremediable para muchos, y saqueo de las arcas públicas.

Y se equivoca dicha mayoría por­que precisamente lo que más anhe­la, que es la seguridad, corre el ries­go de volverse un bien inalcanzable. Keiko Fujimori tiene por lo menos complicidad con las mafias delincuen­ciales, porque su secretario general “con licencia” no puede explicar el origen de su fortuna, y porque ella y varios de sus congresistas tienen indicios o investigaciones por lava­do de activos. Así, tenemos el peli­gro de que las mafias nos gobiernen, y eso traerá crimen en nuestras ca­lles e impunidad.

Insisto: respeto a las mayorías po­pulares de mente y corazón, pero es­tán tomando una decisión terrible, de incalculables consecuencias. El Perú merece un mejor futuro.

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