viernes, 22 de enero de 2016

Zumba el nacionalismo

Milton von Hesse respira, Susana Villarán suspira.

El gran papelón protagonizado ayer por el Partido Nacionalista con la estrambótica (des) composición de su lista de candidatos al Congreso, revela precariedad e improvisación, pero constituye una expresión más de cómo acaban políticamente los gobiernos en el Perú al final de su mandato: descuajeringados.
 
El bochorno de las marchas y contramarchas en la confección de la lista parlamentaria no refleja descoordinación, como señaló el cabeza de lista Daniel Abugattás, sino un desmadre que produce risa pero que, en el fondo, da vergüenza, y hace que el pleito entre Génesis Tapia y Rosangela Espinoza parezca una reunión de diplomáticos frente al triste sainete nacionalista de ayer.
 
Desde la inclusión del controversial congresista Heriberto Benítez y del artista Óscar Benítez ‘Zumba’ en la lista de candidatos; su casi inmediata expectoración por parte del candidato presidencial Daniel Urresti (“no quiero que el señor Benítez vaya en mi lista, ni el señor Zumba”); la insólita exclusión de Ana Jara; el ofrecimiento de la ex alcaldesa Susana Villarán de darle su número dos en la lista a la ex premier; hasta la declaración de la presidenta del partido Nadine Heredia que confirma el desmadre: “La presidencia del Partido Nacionalista no ha participado en conformación de lista congresal”.
 
Todo lo ocurrido ayer refleja tres cosas. Primero, que el Partido Nacionalista es un cascarón sin sustento, un pollo sin cabeza dando vueltas sin sentido por el mercado, algo que tiene una implicancia para el futuro de esta organización: así como van, ni siquiera pasan la valla electoral.
 
En el mejor de los casos, quedarían tan descalabrados como el Apra al final de su gobierno en el 2011 (cuatro parlamentarios), Perú Posible en 2006 (dos), y Cambio 90 en el 2001 (tres), y en los tres casos sin concretar una candidatura presidencial.
 
Segundo, mirando para atrás, confirma que el gobierno del presidente Ollanta Humala se manejó prácticamente sin un partido político que lo respalde en el Congreso, algo de lo que la única responsabilidad es suya y de su esposa Nadine Heredia por no haber sido capaces de construir un partido y de ni siquiera retener y cohesionar al grupo que colocó en el Parlamento en el 2011.
 
Tercero, esto significa que Humala carecerá de una defensa política mínima en el próximo Congreso.
 
Hoy el ex candidato presidencial del Partido Nacionalista, Milton von Hesse, debe estar respirando tranquilo, pensando en el acierto de su decisión de bajarse de este manicomio en marcha, mientras la ex alcaldesa, Susana Villarán, debe estar suspirando al pensar en dónde se ha metido, y evaluando de qué valió el enorme costo político personal que significó ir con Urresti, muy probablemente para no ganar nada.

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