Nadie puede estar de acuerdo con la violencia medio boba que en estos días lanza huevos a los candidatos. Además de reprobable, contraproducente. Más simpatías gana el atacado, y el atacante solo revela la exasperación de su tirria, y quizás disfruta de una carcajada en privado. Política ahuevada, si las hay.
Las dos marchas contra Keiko Fujimori hubieran sido más efectivas de no haberse producido el ataque contra su manifestación en el Cusco. Los rivales de la candidata tienen que decidirse. Si se trata de dar el mensaje de que ella es un peligro (las marchas), no se le puede mezclar con una imagen de víctima (los huevos).
Hasta el momento Fujimori sigue en un lejano primer puesto en las encuestas. Incluso hay la versión de que su alta intención de voto más los votos que la dará la partida de Julio Guzman la están acercando a un triunfo en primera vuelta. Hasta ahora es solo aritmética de la esperanza, pero la inquietud que ella crea ya se siente.
Pero al mismo tiempo Fujimori acaba de perder su imagen de candidata olímpicamente ubicada por encima de las trifulcas electorales. Hay en los jurados acusaciones serias en su contra. La conciencia de los negros años 90 está regresando y difundiéndose a toda velocidad. Un revés de fortuna no es descartable.
A pesar de la desigualdad de las cifras, en la mayoría de las encuestas Fujimori está estancada en torno de su núcleo duro, mientras que hay candidatos que siguen subiendo, y votos disponibles para que sigan en alza. Luego está la verdad sostenida de que el mes final es clave, sobre todo con candidaturas muriendo como moscas.
El principal peligro para Fujimori está en las resistencias que produce en el sur andino. Los votos que estaba ganando Guzmán en esas regiones no van a dirigirse hacia ella. Aunque algo más tendría que pasar para que ese 30%+ se vea afectado. Quizás que los organizadores de marchas anti-Keiko logren replicarlas por todo el país.
Así, la situación de Fujimori la está invitando a salir a responder con fuerza, algo que la candidata no ha tenido que hacer hasta ahora, que no parece ser una de sus habilidades. No descartemos que esta sea la hora de la vieja guardia, la cual saldría con fuerza, pero traería a Alberto Fujimori de vuelta al escenario. Riesgoso gambito.
Sin duda la estrategia de los rivales frente a Fujimori ha cambiado, pasando de la indiferencia al ataque. El giro parece correcto, pero no le haría daño añadir algunos argumentos. Y sobre todo no olvidar que es el fujimorismo el que carga con una historia de malos modales democráticos, por decirlo con suavidad.
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