redactor: Francisco Diez - Canseco Távara (*)
El peor enemigo de la libertad de expresión es, sin lugar a dudas, la intervención del Estado. Y esa es la amenaza que ha surgido como consecuencia de las declaraciones formuladas hace algunos días por el Presidente Ollanta Humala, refrendadas luego por él mismo al plantear la necesidad de una acción legal por parte del Congreso.
Aunque luego uno de sus ministros aclaró que el Poder Ejecutivo no enviará proyecto alguno sobre la materia al Parlamento, el tema está planteado. Peor aún si, como bien sabemos, el programa de Humala anterior a la "hoja de ruta" lo aproximaba a las veleidades totalitarias del chavismo que es un enemigo declarado de la libertad de expresión y que ha venido copando los medios de comunicación de Venezuela desde hace muchos años.
Humala no tenía porque entrometerse en el debate surgido entre el grupo El Comercio y La República a raíz de la adquisición, por parte del primero, de la distribución de los periódicos de EPENSA, propietaria, entre otros diarios, de Correo y Ojo.
Este es un caso en el que prefiero, por obvias razones, no personalizar. Se trata de un conflicto económico en el que, aparentemente, La República tuvo todas las de ganar al principio y luego, por algunos errores de cálculo, estrategia o trato, El Comercio cerró el negocio, que no implica el control de la línea editorial o de la parte infomativa sino solamente de la distribución.
Se trata, finalmente, de un tema de orden económico en el que, si La República hubiera comprado la totalidad de EPENSA como pretendía, hubiera obtenido no sólo el control de la distribución –que es lo que ha logrado El Comercio- sino también de la línea editorial e informativa, lo cual hubiera sido grave.
Sabemos bien los tremendos sesgos que tiene dicho diario manejado políticamente por la izquierda caviar peruana que no tiene empacho en hacerse la vista gorda sobre los atropellos cometidos contra la libertad de expresión por regímenes totalitarios como el de Fidel Castro por más de 50 años, pero si es la primera en reclamar este derecho democrático en el Perú y en ejercerlo en forma realmente antidemocrática, como buenos marxistas, aunque lo sean "light".
¿Cómo llegaron a Palacio de Gobierno para convencer a Humala que debía intervenir en defensa de sus intereses que no son los del país? No olvidemos que hay una fuerte presencia caviar en el régimen y que los caviares son esencialmente lobbystas, entristas de puerta falsa que han logrado mantenerse cercanos al Poder desde el gobierno de Paniagua, sin solución de continuidad.
Si lo que se inicia es una batalla por la libertad de expresión en el Perú, habrá que librarla. No es que los medios estén exentos de argollas o de sesgos o que no defiendan determinados intereses políticos o económicos. Lo importante es que haya pluralidad, que existe en el Perú. Que el Estado no meta la mano y que cualquier ciudadano pueda opinar y tenga la oportunidad de hacerlo.
Respecto de lo cual aún hay mucho por hacer en el Perú, pero no a través de una fórmula caviar, totalitaria y estatista.
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