lunes, 16 de noviembre de 2015

París: La hora de los halcones

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La masacre ocurrida hace menos de un año en el local del semanario Charlie Hebdo galvanizó a las fuerzas políticas francesas, creando un vínculo de unidad nacional que resistió un buen tiempo. Los atentados recientes, que han causado 129 muertos y 352 heridos, de los cuales 99 se encuentran en estado de urgencia absoluta, han tenido un efecto centrífugo.
 
Françoise Fressoz, editorialista de Le Monde, lo dice así: “Marine Le Pen ataca, Nicolas Sarkozy critica, François Hollande intenta resistir. Como si la elección presidencial del 2017 se decidiera ahora.” A diferencia del ataque terrorista precedente, esta vez el Ejecutivo, apunta en su blog la editorialista, se encuentra en el banquillo de los acusados. La acusación: inocencia angelical. 
 
Este podría ser el mayor triunfo de la barbarie que asesinó, también a diferencia de lo ocurrido con los periodistas, a lo que Anne Hidalgo, alcaldesa de la capital francesa, ha llamado el París popular. Esta vez los halcones no han respetado el periodo de duelo y se han lanzado a la yugular del Presidente. Si Francia cede a las presiones de la extrema derecha y comienza a cerrar mezquitas y expulsar sospechosos, confirmará lo que afirman sus enemigos del EI (Ejército islámico): bajo su tolerancia, libertad de culto y laicismo se oculta la discriminación, el autoritarismo y el fascismo.
 
En tiempos de miedo y rabia las medidas violentas y los chivos expiatorios se apoderan de nuestras mentes, impidiéndonos pensar y actuar en consecuencia. A Sendero no lo derrotó el grupo Colina sino el trabajo de inteligencia de un grupo cohesionado, ajeno a las intrigas corruptas de Fujimori y Montesinos. Las masacres no se detienen con abusos.
 
Lo cual no significa que el Gobierno francés haya hecho las cosas bien. De hecho, me declaro incapaz de emitir un juicio al respecto, pues no es campo de mi competencia. Pero sí sé que ahora se enfrentan a fuerzas que harán lo posible por demostrar que han sido blandos e ingenuos, tal como lo afirma en el Twitter, una y otra vez, el escritor español Pérez Reverte. Occidente, afirma, ha perdido los reflejos del combate. No deben pensar lo mismo los habitantes de Irak, Libia o Siria, cuando tienen que ocultarse de los bombardeos de los aviones más sofisticados y letales del mundo.
 
Cualquier solución simplista está condenada a falsear los hechos. Lo propio sucede cuando nos dejamos llevar por el imperio de las emociones. Pensar es una de las tareas más complejas, pues requiere el coraje y la energía de resistir a los cantos de sirena de los impulsos primitivos y el sentido común. A mí, por ejemplo, me duele en el alma lo ocurrido. Conozco bien los lugares de estos ataques salvajes y, sin ir muy lejos, un amigo parisino me contaba las horas de angustia que sufrieron, pues su hijo suele frecuentar la zona del Bataclan, una suerte de Barranco nocturno.
 
Pero mi amigo admira la cultura árabe y jamás lo he escuchado amalgamar el terrorismo islámico con dicha cultura. Ese es el gran desafío: defenderse con energía, con la ley y sin prejuicios.

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