La decadencia de Occidente o, más exactamente, la crisis económica y política del capitalismo, está poblada de paradojas. La lucha contra el terrorismo lo demuestra.
Los Estados Unidos crearon lo que hoy aparece como Estado Islámico. Ocurrió cuando apoyaron a la oposición armada que se enfrentaba a un régimen marxista en Afganistán. Entre 1979 y 1989 Washington entregó cerca de tres mil millones a los guerrilleros afganos que recibieron armas ligeras y se enfrentaron a tropas soviéticas que defendían al gobierno afgano. Esa guerra provocó, por el alto costo en vidas y dinero, la desaparición de la Unión Soviética. De la lucha armada emergió Osama Bin Laden convertido en líder de miles de combatientes sostenidos por el dólar.
En 1988, Bin Laden fundó Al Qaeda, La Base en árabe. Tenía bases en Argelia, Siria, Irak, Líbano y otros países. Muchos combatientes del Estado Islámico provienen sin duda de esas huestes.
Bin Laden rompió con los norteamericanos cuando éstos desplegaron tropas en Arabia Saudita. Bin Laden intentó derrocar a la monarquía saudí, una de las dictaduras más despiadadas del mundo, pero fiel aliada de la Casa Blanca.
Bin Laden fue victimado, después de haber activado actos terroristas como el de las Torres Gemelas de Nueva York, en que hubo miles de muertos.
Ahora, los países capitalistas se sienten amenazados por los herederos de Bin Laden. Sufren el mal pago de sus creaturas.
La paradoja más reciente de ese escenario es que el gobierno de Francia, uncido a la injerencia yanqui en Siria, que combate allí sin pedir permiso a Siria y que proyectaba, sin tapujos, el derrocamiento del gobierno sirio, Francia, repito, acaba de declarar, por boca de su presidente, François Hollande, que en Siria el enemigo es el Estado Islámico, no el gobierno de Siria.
El ataque terrorista ha movido ya placas geopolíticas. Hollande declaró ayer que próximamente se reunirá con los presidentes de los Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Vladimir Putin, para coordinar la lucha contra el terrorismo. Lo mismo ha dicho David Cameron, primer ministro británico. He ahí otra paradoja. Washington y sus aliados libraban una guerra económica y comercial contra Rusia. Hoy la necesitan como aliada.
Las acciones imperialistas que han desatado la crisis del terrorismo son manifestación de su crisis económica. Esta la obliga ahora, como en los años 30 del siglo pasado, a buscar aliados para enfrentar la amenaza.
El papa Francisco cree que hemos entrado ya en la tercera guerra mundial. Ojalá que su diagnóstico no sea exacto.
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