martes, 17 de noviembre de 2015

La guerra santa y la tercera guerra mundial
Nelson Manrique
Los atentados del viernes en París, perpetrados, según un comunicado publicado por el Estado Islámico, por ocho terroristas que portaban cinturones de explosivos y estaban provistos de armas automáticas, han dejado al menos 127 muertos, muchos heridos graves y difíciles disyuntivas entre las que Europa tendrá que optar.
 
El Estado Islámico ha justificado el ataque como una represalia por el involucramiento de Francia en la alianza antiterrorista de 21 países, liderada por el Pentágono. Las razones que invoca son que Francia ha “insultado” al profeta Mahoma –la misma razón esgrimida a comienzos de año para justificar el salvaje atentado contra Charlie Hebdo–, ha perseguido al Islam en su territorio y ha bombardeado a musulmanes “en la tierra del califato”. EI promete una amplia escalada bélica, que debe extenderse por toda Europa: “se ha sembrado el miedo en el corazón de los cruzados en su propia tierra”. 
 
Es muy significativa la alusión a los “cruzados” en el comunicado, aplicada no a los soldados de la coalición sino a todos los habitantes de los países “enemigos” del Islam. “Cruzados” son todos los que siguen a la cruz, es decir los cristianos, sin distinción entre civiles y militares, combatientes y no combatientes. El Estado Islámico plantea así el enfrentamiento como una guerra religiosa: la yihad, la guerra santa.
 
No es difícil adivinar tras este “acto de guerra” (como lo denominó el presidente Hollande) la voluntad de inducir a la coalición a optar por enviar tropas terrestres a la región. EI es apenas una fracción de quienes luchan contra el presidente Bashar al-Asad y su lógica es liquidar a las fuerzas competidoras polarizando el conflicto; algo similar a lo que buscaba aquí Sendero Luminoso cuando intentaba imponer la lógica de “estás conmigo o contra mí”, eliminando cualquier otra alternativa para dejar en el escenario sólo a ellos y a las fuerzas armadas. Una invasión de Siria, siguiendo esta lógica, liquidaría las alternativas moderadas y convertiría a EI (irónicamente prohijado por los EEUU, como lo fue antes al Qaeda) en el representante único de la nación agredida por los “cruzados”, permitiendo convertir la guerra por imponer el califato en una guerra de salvación nacional.
 
Como era de prever, la respuesta de Hollande ha sido lanzar severos bombardeos contra “las posiciones de EI”, que –esto lo silencian los comunicados oficiales– causan graves daños a la población civil (https://t.co/CG7IQU742U). Intelectuales de diversas posiciones se apresuran a proclamar que Europa está en guerra y llaman a proceder en consecuencia. Arturo Pérez-Reverte caracteriza los yihadistas remitiéndose a la historia de Roma antigua: “En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio… ésta es una guerra… el frente de combate (está en) el corazón mismo de Roma” (http://bit.ly/1qMdvNX). 
 
Por su parte, Fernando Mires proclama desde Berlín que ya estamos viviendo la tercera guerra mundial: “El atentado de París del 13-N será el Pearl Harbor de los franceses. Pronto lo será para toda Europa… será una guerra asumida por todo el Occidente político y sus aliados del mundo islámico. La guerra que presenciamos es… una guerra mundial... Ya de hecho hay más países involucrados que durante la Primera Guerra Mundial”. Las declaraciones del papa Francisco, de que estamos viviendo hace tiempo una tercera guerra mundial “a trozos”, son ampliamente invocadas. Para Mires, una guerra de esta envergadura deberá cambiarlo todo, acabando con la Europa que conocemos: “Los aeropuertos se parecerán en algunos momentos a las cárceles. En otros momentos parecerán hospitales. Hoteles ultramarinos con piscinas y campos de golf serán convertidos en trincheras. La vida cotidiana será cada vez más restrictiva. Las mentalidades paranoicas reverdecerán entre las autoridades administrativas y en su celo, cometerán absurdos desmanes … Los neofascismos… también deberán ser vistos como lo que son: agentes objetivos de enemigos extracontinentales… Para el enemigo de hoy, al igual que para los nazis de ayer, una guerra si no es total, no es guerra” (http://bit.ly/1N7aFo3). Habría que precisar que la guerra total lo es para todos los contendientes y las medidas que Mires insinúa contra los neofascistas podrían aplicarse luego contra todos los otros grupos políticos, de acuerdo a quién controle el poder.
 
La mesa está servida pues para los halcones, pero es bueno preguntarse si la escalada militar es la mejor alternativa o si hay otras opciones. Volveré sobre el tema.
 


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