domingo, 20 de abril de 2014

“ALAN TIEMBLA DE MIEDO PORQUE SABE QUE INFORME DE LA MEGACOMISIÓN SE APROBARÁ”

20 de Abril del 2014 a las 08:23:31
“Alan tiembla de miedo porque sabe que informe de la Megacomisión se aprobará”


En entrevista con diario16, el legislador Mesías Guevara, presidente de la comisión que investiga los hechos de corrupción y sicariato en la región Áncash, afirma que desarchivará el informe de los ‘petroaudios’ por los posibles nexos entre César Álvarez y Fortunato Canaán. También dice estar convencido de que el Pleno del Congreso aprobará el informe de la Megacomisión sobre los casos de corrupción del gobierno aprista. El legislador de Acción Popular habla claro sobre la página once y reconoce que aún no hay un sucesor natural de Fernando Belaunde Terry.
En su casa los retratos familiares y libros abundan. Ha escrito un centenar de textos de autoayuda y homenajes al desaparecido expresidente Fernando Belaunde Terry. Desde muy niño se enroló en las filas de Acción Popular por herencia familiar. Él es el mayor de siete hermanos. Todos ellos militantes, al igual que Blanca, su esposa. Hemos llegado un poco antes de la hora pactada. Tras unos minutos, aparece fresco y jovial, enfundado en unos jeans y camisa a cuadros. Saluda con una sonrisa amplia. Mesías Guevara reflexiona sobre la comisión que preside, los temores del aprismo, la situación de su partido y la posible candidatura de Gastón Acurio. Sus confesiones bajo el lema “Adelante, siempre adelante”.
Carla Mendoza / Fotos: Rafael Zarauz
-La Comisión Áncash que preside empezó a recabar información desde hace unas semanas atrás. ¿Cuándo van a convocar a los implicados?
El 29 de abril empezamos con Fiorella Nolasco. El testimonio que ofreció en Chimbote queremos que lo repita frente a la comisión, así como que nos presente los documentos que su padre tenía en su poder.
-También desfilará César Álvarez…
A César Álvarez hay que investigarlo con bastante parcialidad y objetividad. No hay que temerle ni tampoco hay que adorarlo. Hay que investigarlo. Será citado en su momento.
-El congresista Heriberto Benítez ha manifestado su apoyo incondicional a Álvarez, incluso hasta pone las manos al fuego por él. ¿Qué piensa de ello?
Ellos, creo, son amigos. Han postulado juntos al Congreso por el Frente Independiente Moralizador (agrupación ya extinta que lideraba Fernando Olivera), pero solo Benítez fue elegido, mientras que Álvarez fue candidato hasta en tres oportunidades por ese partido, sin éxito.
-¿Ya fue desarchivado el informe del congresista de Perú Posible Modesto Julca?
Fue un grave error de la Comisión de Fiscalización anterior (en la gestión del congresista ‘solidario’ Gustavo Rondón). Uno de los acuerdos de la comisión que presido es desarchivarlo cuanto antes.
-Precisamente cuando se aprobó esa comisión, los legisladores Mauricio Mulder y Javier Velásquez se opusieron, ¿cree que hay vínculos entre César Álvarez y el APRA?
No lo sé, pero me pareció extraño que ambos, a voz en cuello, se opusieran a la creación de esa comisión (en la época de Rondón). A raíz de eso podríamos deducir que hay cierto interés. En esta investigación veremos si hay nexos o lazos que podrían llegar al aprismo.
-Existe un audio del año 2008 que revela una conversación entre Rómulo León y el empresario Alceu Ferreira, quienes hablan sobre los recursos que posee la región Áncash, cuando César Álvarez ya era presidente regional…
Hay sospechas de que Fortunato Canaán también estuvo metido en este tema. Tenemos que investigar si existen nexos.
-Entonces reabrirá la investigación del caso ‘petroaudios’…
Sí. Lo que el congresista Renzo Reggiardo investigó también lo vamos a desarchivar junto con lo de Rondón. Ambos informes fueron archivados misteriosamente. Seremos cuidadosos en respetar el “famoso” debido proceso, es decir, para evitar el síndrome Alan García.
-¿A qué se refiere?
A la moda que él desató. Ahora a todos los citados hay que especificarles si son testigos o investigados. Por ejemplo, el rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y el presidente regional de Tumbes preguntaron “cómo qué voy”. Es el síndrome García, hay que evitar que se propague. 
-Alan asegura que no se respetó el debido proceso…
Hay que respetar el debido proceso, pero (los apristas) se están confundiendo. El Congreso no juzga, solo investiga. Es en el Pleno donde se aprueba o no el informe, en este caso el de la Megacomisión.
-Ellos tratan de usar como antecedente el caso de Javier Diez Canseco…
Sí, cuando son cosas totalmente diferentes. Diez Canseco sí pidió que pase de frente al Pleno, donde se juzgó injustamente. Él demostró que habían vulnerado el debido proceso porque el informe de la Comisión de Ética era totalmente diferente al que se aprueba en el Pleno. Los apristas quieren tomarlo como antecedente.
-Independientemente de si se apela o no, ¿cree que el informe de la Megacomisión se llegará a aprobar en el Pleno?
Sí, se va a aprobar. Estoy seguro. Por eso es que no están tranquilos, porque ellos saben que va a ser así. Alan García, sus congresistas y dirigencia están que tiemblan de miedo porque saben que la aprobación del informe es inminente, y se debatirá en la primera semana de mayo.
-¿A pesar de la alianza aprofujimorista?
Esa alianza se gestó desde el año 2006. Durante los cinco años, ambos presidieron la Mesa Directiva, por lo tanto, no es una alianza que viene desde hoy, sino mucho antes, pero se va a romper, como está pasando, precisamente, cuando se ve el tema de Alan García y el informe de la Megacomisión.
-Si ellos saben que se aprobará, ¿cuál cree, entonces, que es la carta bajo la manga?
Están preparando el terreno en la parte judicial. Por eso es que no quieren que se cambien a los miembros del Tribunal Constitucional, para luego ir hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Ellos están calculando que el debate del informe sea lo más pronto posible.
-¿Por qué?
Si el debate se da en estos momentos, tendrían un plazo más o menos de dos años para irse hasta la Corte IDH porque el juez les ha dado la primera señal con su fallo sobre el “debido proceso”. Entonces, ellos están seguros y preparados para ir a la corte.
-¿Ganarían, teniendo en cuenta las denuncias contra los derechos humanos?
Mira, resulta interesante porque ahí Alan García tiene proceso por el tema de El Frontón y creo que la corte será implacable.
-Menciona que el APRA no quiere que los miembros del Tribunal Constitucional se renueven. Además, afirma que están en el Poder Judicial, la Contraloría, etc. Precisamente su bancada presentó un proyecto para que la elección de los funcionarios públicos sea por antigüedad…
Sí. Hay dos proyectos, uno del congresista Víctor Andrés García Belaunde y otro de Jorge Rimarachín. Es bueno recordar que el Ministerio Público fue creado por Fernando Belaunde. En su segundo gobierno era por antigüedad. Sin embargo, en la época de Fujimori borraron el tema de la antigüedad para poner a su gente de extrema confianza.
AL LATIDO DE LA LAMPA
Mesías Guevara nació en Cajamarca hace 50 años. Desde muy joven se dedicó a la política y al deporte. Desde hace dos años en su casa no se come carne, solo pescado (y no es por Semana Santa). El azúcar también está prohibido. Le gusta verse bien. Pero donde no hay restricciones es en la lectura. Su filosofía está publicada en su libro “Yo, la gran empresa”, donde asegura que cada persona es una empresa y que el objetivo es alcanzar el éxito, mientras que la rentabilidad es la felicidad. Es admirador de Fernando Belaunde Terry y Valentín Paniagua. Además, está convencido de que Gastón Acurio será el candidato presidencial por Acción Popular.
-¿Qué tipo de películas le atraen?
Me gustan las películas épicas, “Casablanca”, “El gladiador”, “Una mente brillante”... De las películas peruanas me gustó “La ciudad y los perros”, muy bien hecha.
-¿Qué libros han calado en su formación?
Me atraen los libros de filosofía, como los de Mario Bunge. Hay dos libros que tengo que volver a estudiar: “Don Quijote de La Mancha” y “La divina comedia”. Esos dos libros, en política, hay que leerlos mucho (responde mientras recita de memoria un pasaje del purgatorio de la obra de Dante Alighieri).
-¿Qué es lo que le hace feliz?
Muchas cosas que tienen que ver con mi familia. En el Congreso, discutir con Mauricio Mulder me hace feliz.
-¿Cuándo se inició en las filas de Acción Popular?
Desde muy joven, porque mi padre fue diputado; y mi abuelo, alcalde de Colasay (Jaén). Ambos militantes, por eso llevo al partido en la sangre.
-En el caso del APRA, el sucesor de Víctor Raúl Haya de la Torre es Alan García. ¿Quién es el de Fernando Belaunde Terry?
Hemos pasado por crisis muy seguidas. Primero murió Belaunde, luego Valentín Paniagua, y eso hizo que no haya un traslado de herencia. Incluso la generación natural que debió sucederle, como Javier Alva, Arias Stella, incluso Gastón Acurio (padre), fue opacada por la presencia directa de Belaunde. No supieron tomar la posta.
-¿Y usted la tomaría?
Es difícil compararse con Fernando Belaunde Terry y Valentín Paniagua. No me veo como ellos porque son inigualables.
-¿Quién es mejor orador, García o Belaunde?
Alan García imita a Belaunde.
-Belaunde fue cuestionado por la página once…
La página once en realidad nunca existió. En mi Facebook la tengo.
-Le está dando un giro a la historia que está en los libros que reparte el Ministerio de Educación…
Esa página es un mito. Solo contiene una fecha. Fue Loret de Mola quien, para causar pánico, desapareció la página. Entonces vino el golpe de Estado y sacaron a Belaunde, luego hubo un juicio, pero archivaron el caso porque se demostró dónde estaba y qué contenía la página. Voy a decirle al ministro de Educación que la revise.
-¿Gastón Acurio se lanza o no?
Sí. Creo que será el candidato de Acción Popular.
-¿Su falta de experiencia política activa no lo desacredita?
No. Igual pasaba con Fujimori, Alejandro Toledo, el mismo Ollanta Humala. Gastón Acurio es mucho más preparado que ellos. Incluso más apreciado.
-¿Cuál es la frase que repite con mayor frecuencia?
Adelante, siempre adelante…

SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ, MI OBITUARIO O ANECDOTARIO

Escribir sobre el Gabo en la semana en que ya descansa es, supongo, inevitable y también redundante, ya que cada uno tiene y adora el suyo. Hay coronelistas, soledadescos y amor-en-los-tiempos- del-cólera filos, por lo menos.

Y todos los que lo hayamos leído, o sea, media humanidad, hemos mejorado nuestras vidas con esas experiencias intensas. Libros que no se dejan, porque transmiten no solo sus universos, sino hasta sus colores, sabores y olores, además de describirnos la fauna de la que estamos hechos en el mundo del sur. Hay, por tanto, en estos días, miles de artículos sobre GGM, y no pocos serán ensayísticos, así que para qué uno más. Y además dicen que uno debe escribir de lo que sabe.
Pero yo aquí ya despedí antes a Toño Cisneros, con dibujito y todo, y quedó chévere. Y ya tengo el dibujito de Gabo y me ha quedado bien. Así que con perdón de literatos y otros dueños del finado, va este obituario anecdótico sobre lo que hace ya 40 años vi y recuerdo de él. Porque además el tiempo para el Gabo no importaba. Siempre el mismo, siempre nuevo.
Fiel a su elegancia y para no quitar protagonismo, GGM se murió el Jueves Santo para no competir. Y la despedida suya fue, a su manera, como la crónica de una muerte anunciada. Estaba algo desmemoriado ya, retrechero de mostrarse, dubitativo de escribir ahora menos bien. De ya no ser más ese escritor a veces insuperable, aunque fuera siempre tímido y autocrítico. Lo comprobé, hace un huevo de años. En Barcelona, cuando fui una vez a su casa, como mascota de su entonces gran amigo cotidiano Mario Vargas Llosa. Y salimos a comer –fue mi primer restaurante catalán– un día después de haber llegado a Barcelona, en Semana Santa, alojado generosamente por Mario en su departamento en Sarriá, cuando tenía en imprenta “Pantaleón y las visitadoras” y hacía un guion fallido para una película con Rui Guerra.
Y cuando su vecino de a media cuadra García Márquez ya tenía terminado el manuscrito de “El otoño del patriarca”, inédito en manos de su constante primer lector y crítico, Álvaro Mutis.
Con quien Gabo debe ahora estar conversando, si es que hay cielo, no lo han privatizado y el que lo gerencia tiene buen gusto.
Lo he contado y me cito.
España era entonces una Europa de segunda clase y estaba fuera de la Comunidad, pero había buena arquitectura moderna algo regionalista y contestataria (Sostres, Coderch y Bohigas especialmente). Para mí, ya terminada mi Maestría en Londres, cambiar su lluvia perpetua y su comida con sabor a lluvia tibia, por el sol y el Mediterráneo, hacía a Barcelona atractiva.
Entonces además allí estaba Hugo Sotil prestigiando lo peruano, aunque después ya no tanto. Durante su gloria breve pero intensa y merecida a Mario Vargas Llosa un día lo felicitaron por ser su paisano, según él mismo me contó. Cada domingo en La Rambla los barceloneses agradecían sus goles y describían sus jugadas.
Y es revelador de lo que escondía Barcelona que tanto el entonces paisano de Sotil, hoy premio nobel, como García Márquez, nobel muy poco después de esa etapa, fueron sus entusiastas habitantes por largos años. En el barrio alto de Sarriá, a dos cuadras uno del otro. Viéndose cada semana. Y que por allí, por ciertos rincones del Ensanche y por su departamento con geranios arequipeños, caían a cada rato José Donoso, Jorge Edwards, Álvaro Mutis y un algo juvenil Alfredo Bryce, de lo que doy fe. Además de no pocos satélites del boom literario. Y después, peruanos deportados por Velasco, como un todavía progresista Thorndike y un siempre conservador inteligente Luis Rey de Castro, a quienes Mario silenciosamente ayudaba a conseguir chamba, editores o tentempiés.
Yo, chibolo, desembarqué allí un día invitado por el primo y cuñado de Mario, Lucho, que una semana antes se había ido a Lima. Y me alojaron con generosidad excesiva (algunos días, y después me fui al Hotel de la Plaza del Pino, entonces de una sola estrella merecidísima) y acompañé como mascota encuentros varios en una semana de pascua de reyes. Vi el departamento del Gabo, un primer piso con alfombra alta y libros desparramados, de donde fuimos a un restaurante donde casi todo lo habló Álvaro Mutis, ante un García Márquez melancólico. A la mañana siguiente a Mutis lo vi solo en el bar Canaletas, el primero de La Rambla, lo que me regaló una conversación impagable de tres horas sobre el mundo y sus alrededores, pero con un marcado acento en dos cosas, en el libro aún manuscrito de García Márquez que nadie más que él había leído, “El otoño del patriarca”, y la arquitectura barcelonesa, y su arte, del románico en adelante, de lo que algo dije que le gustó.
Entonces el boom importaba. Y Latinoamérica también. No éramos sudakas, sino latinoamericanos.
El Gabo ese que vi era de verdad alguien enigmático, que en vez de participar locuazmente en la conversación, le hacía breves anotaciones sarcásticas. Sobre que ya le pasaba a él lo que a Midas, y estaba visiblemente incómodo con su fama. Recuerdo algunas ironías sobre haber sido y dejado de ser pobre. Y vi que, pese a ser un convencido progresista, no se hacía problema en vivir bien y en disfrutar de esa ciudad sensual e inteligente, Barcelona.
Donde estaban sus editores, agentes y aliados intelectuales, antifranquistas, Carlos Barral, Castellet, Ricardo Muñoz Suay, y la mal llamada “gauche divine”, los Goytisolo, Vázquez Montalbán y otros, catalanistas en su mayoría, que se chismeaban los últimos chistes sobre Franco, iban a ver cine a Perpignan y gravitaban en lo que podían, mientras Franco aún sobrevivía y ya dormía cada vez más enchufado, y sus ministros y acólitos eran cada vez más mediocres y despistados, en esa España de parodia de la que el generalísimo era el triste celador.
Mario VLL era el gran aliado de GGM. Además le había dedicado un libro y no pocas disquisiciones teóricas sobre la literatura como deicidio, como intento de crear un universo paralelo y otro que el real.
Así que su pelea posterior, nunca redimida parece, fue lamentable. Eran patas, y sus esposas y amigos republicanos vivían conspiraciones cotidianas.
Sin duda hubo allí un componente político, porque aunque GGM fue amante de defender libertades, sí fue demasiado complaciente con Fidel Castro, como lo fue Cortázar. Lo de Padilla fue el punto de no retorno. Y quizá la sobredosis anterior del MVLL sartriano y politiquero pregonero de izquierdismo necesitaba en él cambios absolutos, que lo llevaron un rato largo a lo antitético. Al derechismo que luego lo traicionó. En fin.
Eran esos los años formativos del boom y quizá por eso para ambos había que estar donde ocurría, y por eso también cuando ya fue un movimiento reconocido no necesitaban ese serenazgo. Y cada uno se fue a su casa. La de GGM sería México, donde viviría desde los 70 hasta anteayer, para dejar un mundo europeo ajeno y regresar al suyo propio, América Latina, pero a prudente distancia de las pugnas de su país, Colombia.
Una última anécdota anterior. En mi facultad de arquitectura de Lima, la FAUA de la UNI, en su bonito auditorio de ladrillo, pocos años antes, había presentado su libro “Cien años de soledad” un nuevo escritor colombiano casi desconocido y deslumbrante, cuya obra ya se había vendido en el mundo como pan caliente, que es lo que era. Flanqueado por Mario VLL, por José Miguel Oviedo, por Abelardo Oquendo nuestro profesor, por ‘Cartucho’ Miró Quesada, exdecano. Y fue deslumbrante oírlo, sentado en el piso, este entonces cachimbo, que suscribe, y escucharlo como estratega. De cómo había que contar lo maravilloso con cara de palo y lo cotidiano como maravilloso.
Que estés bien, Gabo, y dile a Dios, o a quien corresponda, que deje de joder. A ti te va a escuchar. Que estés bien, Gabo, y dile a Dios, o a quien corresponda, que deje de joder. A ti te va a escucha

Macondo existe

Esta semana 39 personas murieron en Salvador de Bahía, mientras la Policía se declaraba en paro de actividades solicitando incremento salarial. Múltiples tiendas, supermercados fueron saqueados por una ciudadanía que sintió que la falta de control en las calles permite la infracción. El gobierno brasileño enfrenta la llegada pronta del Mundial, los altos niveles de inseguridad y las presiones corporativas aprovechan esta coyuntura. Conclusión: la Policía obtuvo incrementos salariales y ahora volvieron a resguardar las calles.
Esta misma semana, luego de 10 años de tolerar e incluso respaldar la protesta social en Argentina, el gobierno decidió avalar una propuesta de ley para limitar las manifestaciones públicas y habilitar el uso de la fuerza para dispersarlas. La llamada ley “antipiquetes” busca catalogar algunas como marchas legítimas y otras como ilegítimas. El giro ha sorprendido a muchos que apoyan el gobierno y que se pasaron más de una década explicitando que una de las principales diferencias es que Argentina no criminalizaba la protesta social.
Las noticias del problema del secuestro “democratizado” en México han mostrado la complejidad de la lucha contra el crimen. En el 2013 más de 1,700 secuestros fueron denunciados (se estima que se denuncia 1 de cada 5 que efectivamente se realizan) e involucran a pequeños comerciantes, taxistas e incluso vendedores ambulantes. De esta forma, hoy todos son posibles víctimas de un secuestro. En Morelos, uno de los Estados históricamente más afectados por este problema, la población pide destituir al gobernador y no le cree a las fuerzas del orden. No se puede pedir mucho más a una ciudadanía que en los 90 vio que el jefe antisecuestro de la Policía era arrestado por precisamente organizar secuestros.
Las noticias que salen de América Latina están marcadas por mucho realismo mágico. Es cierto que no llueven flores, pero estamos cerca de aquello descrito magistralmente por un García Márquez que nos dejó físicamente, pero cuya impronta está grabada en la retina de todos los que lo leímos.
El continente más desigual del mundo y también el más violento abre las puertas para múltiples historias de dolor y tristeza casi inimaginables que los latinoamericanos enfrentamos día a día. La desigualdad empieza a carcomer las bases mismas sobre las que se han levantado modelos sociales donde la mayoría jugaba un rol pasivo e invisible. Los jóvenes pidiendo educación de calidad, los pueblos originarios reclamando reconocimientos básicos, los pueblos pidiendo participación en las decisiones locales, la ciudadanía manifestando en contra de los proyectos que sacan riqueza y nos dejan la tierra contaminada son solo algunos ejemplos de lo que empieza a germinar. La violencia está instalada en nuestra forma de vincularnos, por eso el incremental problema de la violencia doméstica, los problemas de convivencia, el aumento de las lesiones y en muchos países homicidios. Por que muchos han perdido el arte de dialogar y pasan directamente al uso de la violencia. Las muertes de jóvenes en Brasil y Honduras son ya una epidemia de proporciones con consecuencias inesperadas para el futuro cercano.

América Latina es también un continente considerado democrático por que tiene elecciones pero con partidos políticos que enfrentan una crisis de enormes proporciones. De este proceso de falta de legitimidad y problemas de representación emergen múltiples anécdotas dolorosas de corrupción, violencia y directo abandono de funciones. Los detalles no son mágicos sino más bien trágicos.
Macondo, este lugar descrito por ‘Gabo’ donde concurre lo mejor y lo peor de América Latina existe y se consolida en la actualidad. Solo nos queda esperar que “la peste del olvido” que llegó en la novela para permitir que sus habitantes olvidaran todo, incluso sus nombres, no se instale en América Latina.

García Márquez y el metropolitano

Qué éxito era el Perú…¡hasta que le pisaron el pie! Debió haber aullado el pobre metropolitano. Debió haber escuchado risitas cuando empezó a quejarse como chapetón. Debió haberse indignado cuando alguien, cansado de sus seseos, le lanzó un sonoro: ¡Por qué no te callas!

    Ricardo Vásquez Kunze,Desayuno con diamantes
    No creo que haya sido uno de los pocos a los que no le gustaba García Márquez. O de los que no lo había leído. Quizás sí de los que creían que el realismo mágico era más mágico que realismo y, pues, pura fantasía. En fin, tal vez por esto último es que el metropolitano descubrió de un pisotón en el pie el terrible dolor que puede ser despertar a la verdad de las mentiras.

    No estaba en Macondo sino en Lima cuando traqueteaba en un bus hacinado, de esos que hacen soñar en aventuras exóticas a los amigos europeos antes que la crisis les diera algo mejor en que pensar. Habría leído alguna de esas crónicas en la que los pasajeros tenían que bajar por las ventanas, descolgándose como racimos en los paraderos, porque les era imposible llegar a la puerta del bus con toda la humanidad como tapón. Tal vez estaba aquí para eso. Para soñar, para escapar de la realidad de las hipotecas impagas, del paro colosal, del recorte de derechos sociales, de los desalojos, del desfondamiento del Estado de bienestar que, ironías de la vida, tanto los aburría mientras funcionó. Quién sabe.
    Habría escuchado que en Lima se comía como en Sibaris, que había mucha plata y trabajo para los extranjeros como él y que, con vender un poco de sebo de culebra a los incautos que nunca faltan, tendría la vida digna de antaño pero al ritmo de las aventuras de Florentino Ariza, Juvenal Urbino o Fermina Daza. Qué éxito era el Perú …¡hasta que le pisaron el pie! Debió haber aullado el pobre metropolitano. Debió haber esperado una disculpa que nunca llegó. Debió haber escuchado risitas cuando empezó a quejarse como chapetón. Debió haberse indignado cuando alguien, cansado de sus seseos, le lanzó un sonoro: ¡Por qué no te callas!
    Pero no se calló. “Sibaris” terminó siendo una mierda y los “sibaritas” unos gilipollas. Y recién ahí habrá caído en cuenta el pobre metropolitano de que no tenía vena literaria, de que no era el poeta romántico que creía para vivir lo que tanto le gustaba alucinar desde la apática Europa. Ya era tarde entonces. Se había convertido en el personaje hilarante de un folletín barato, de esos que ni se escriben porque no dan más que para viral de las redes sociales y miscelánea de los noticieros de televisión. Y allí estaba el metropolitano en pleno pugilato, recibiendo su merecido por faltoso; grabado por un I Phone.
    ¿Qué habrá pasado por su cabeza entonces? ¿Habrá añorado la seriedad de España, allí donde no hay lugar para los cuentos de hadas? ¿La dicha de vivir en el mundo real de los marqueses, los duques y las Infantas? Qué tranquilizador es no ser súbdito de la fantasía y sí de los reyes y reinas, ¿no es cierto? ¡Qué sobriedad la de los jefes de Estado con capa, espada y coronita! ¡Qué estadistas los selfies del monarca con la cabeza destazada de un paquidermo en Botswana!
    ¿Y qué más habrá añorado el metropolitano de su terruño mientras salía con el rabo entre las piernas de ese bus exótico en la estación Javier Prado? ¿La civilización? ¿Quizás esa que está hoy a punto de desintegrar España con Madrid por allí y Barcelona por allá? ¿La inteligencia? ¿Tal vez esa misma que le hizo creer que una tarjetita de plástico era el boleto mismo del Gordo de Navidad? ¿El sentido común? ¿Probablemente el del colosal aeropuerto de Ciudad Real, un villorrio donde nunca llegó a aterrizar un avión?
    Macondo es universal. Está en todos lados. El metropolitano no necesitaba salir de España para encontrarlo. Pero no era García Márquez. Por eso lo único exótico que halló por aquí fue un pie morado.

    Gabriel, Gabo, Gabito

      Domingo 20 de abril del 2014 | 00:14

      No conozco otro caso en que un escritor fuera tan querido como García Márquez. La pena que suscita su desaparición es genuina.


    Guillermo Niño de Guzmán,De Artes y Letras
    Escritor

    “Yo escribo para que mis amigos me quieran más”. Esta frase de Gabriel García Márquez siempre me pareció irresistible. Cuánto me habría gustado conocerlo. Incluso, me hubiera conformado con verlo caminando por la calle y, quién sabe, quizá me habría atrevido a gritarle, como él dijo que lo hizo alguna vez, cuando era pobre e indocumentado, al divisar a su ídolo, Ernest Hemingway, en la acera de enfrente de un bulevar de París: “¡Maestro!”. Y, seguramente, me habría gritado de vuelta, haciendo un cuenco con las manos en torno a la boca: “¡Adiós, amigo!”, como él aseguraba que le respondió el escritor norteamericano en medio de la muchedumbre.
    No voy a insistir con el tema de sus méritos literarios, información que el lector encontrará en los múltiples obituarios. Prefiero señalar un hecho curioso: García Márquez pertenece a esa rara especie de escritores que no necesitan ser leídos para ser admirados, reconocidos y amados. Su figura está enquistada en el inconsciente colectivo. Hablar de García Márquez significa entrar en el corazón de América Latina, vislumbrar una realidad donde todo es posible, en la que el hijo de un modesto telegrafista de un pueblo perdido de Colombia llamado Aracataca consiguió escapar a su destino y hacer de la lengua un instrumento para volver a crear el mundo.
    Sé que las comparaciones son odiosas. Sin embargo, quisiera que el lector que aún no haya abierto una página de sus libros sepa que García Márquez es un escritor tan grande como Cervantes. Por ello, no creo exagerar si digo que Cien años de soledad es una suerte de equivalente latinoamericano del Quijote, la cifra que nos descubre un universo maravilloso, ignoto y desconcertante, complejo y contradictorio, en el que la vida, para bien o para mal, se confunde con la ilusión.
    Como Borges, aunque a su manera, García Márquez es un hacedor. Se empeñó en reinventar el mundo y ha hecho de la imaginación y la palabra un arma invencible para cuestionar y trascender la condición humana. Vargas Llosa fue muy clarividente cuando definió a su par colombiano como un deicida, es decir, como alguien capaz de desafiar al supremo creador para concebir su propio reino, no por soberbia sino por inconforme, por amor a la libertad y al deseo insobornable de corregir el mundo.
    Siempre he lamentado la pelea que enemistó a García Márquez con Vargas Llosa, disputa que, más allá de los ribetes anecdóticos, causó un cisma que dividió a escritores y lectores, pero que, sin duda, reveló que no existen verdades absolutas. No olvidemos que Vargas Llosa fue uno de los primeros en reconocer el genio de García Márquez y que no escatimó esfuerzos en desentrañar las claves de su obra y proclamar sus logros. Cuánto me habría gustado que, en la cercanía que favorece la vecindad de la muerte, hubieran tenido el valor de confrontar sus diferencias personales y políticas, de limar asperezas y revindicar el poder de la amistad.
    No conozco otro caso en que un escritor fuera tan querido como García Márquez. La naturalidad con que sus admiradores se referían a él como Gabo delata la increíble complicidad que este gran artífice podía establecer con sus lectores. La pena que suscita su desaparición es genuina. Caramba, aunque nunca lo vi, es como si se hubiera muerto alguien de la familia.

    Chile vs. Bolivia: Nuevo contexto jurídico para Perú

    La "patriótica" ocurrencia del congresista que propuso bautizar nuestros aires con el nombre del héroe Quiñones se aprobó el mismo día del gesto teatral de Evo Morales en la Corte de La Haya, donde ningún Jefe de Estado había intentado presionar a los magistrados entregándoles personalmente una Memoria. Diferentes, aunque curiosamente simultáneos, son dos actos que ignoran los "efectos no deseados" que pueden producir en perjuicio de las causas aparentemente "nacionalistas" que los inspiran.
    El núcleo conceptual de la demanda boliviana contra Chile es jurídicamente tan insostenible que solo se explica por motivos político-electorales. La Corte no puede vulnerar dos principios capitales: respeto a los tratados y estabilidad de las fronteras, ni obligar a Chile a negociar una pretensión territorial y marítima no especificada, pero que comporta necesariamente la revisión del tratado limítrofe de 1904.
    Si la salida soberana de Bolivia se diera por Arica, alteraría, además, los límites peruano-chilenos consagrados en el Tratado de 1929, así como los límites marítimos establecidos en la sentencia de la CIJ, cuyas coordenadas Perú y Chile acaban de cartografiar de común acuerdo. La Memoria boliviana evidenciará el propósito de forzar la cesión de un corredor soberano entre Arica y Tacna, que pondría fin a su vecindad y arruinaría la profunda integración económica y social que beneficia diariamente a tacneños y ariqueños.
    Cerrada la frontera terrestre y marítima con Chile, nuestro interés nacional prohíbe posiciones imprudentes que admitan "a priori" la posibilidad de consentir una cesión de territorios que fueron peruanos antes de la Guerra del Pacífico. Si Chile quisiera dar a Bolivia una salida soberana al mar, podrá hacerlo por territorios que fueron bolivianos o cualesquier otros. Pero no por Arica. La vital interdependencia entre ariqueños y tacneños exigiría que, antes de decidir, sus gobiernos les consulten democráticamente si aceptarían una interposición boliviana que termine con su próspera vecindad.
    Lamentablemente, mientras el litigio Bolivia-Chile en La Haya instaura un nuevo contexto jurídico para el Perú, nuestro Congreso no asume seriamente sus responsabilidades en la problemática vecinal. Lo demuestra la ley que aprueba por unanimidad el "Cielo de Quiñones", ignorando las suspicacias que suscita en Chile el artículo 54 de la Constitución, cuyo párrafo final dice: "El Estado ejerce soberanía y jurisdicción sobre el espacio aéreo que cubre su territorio y el mar adyacente hasta el límite de las doscientas millas". Son ligerezas que pueden entorpecer el proceso de ejecución de la sentencia de La Haya, que es imperativo finiquitar. Terminemos de reajustar normas internas, como la Ley de Bases del Dominio Marítimo, cuyo Punto 266 no coincide con las coordenadas que han sido bilateralmente determinadas en cumplimiento de la sentencia y registradas en NN.UU.
    En lugar de apoyar iniciativas pintorescas, el Congreso debería apurar la postergada adhesión del Perú a la CONVEMAR, de la que son partes Chile y Ecuador. Así lo reclama el interés nacional, que guía nuestra política exterior. Eso sería lo verdaderamente patriótico.

    El político Cipriani, por Fernando Rospigliosi

    El libro empieza recordando cómo en Ayacucho Cipriani se identificó de inmediato con las Fuerzas Armadas

    8 Comentarios
    El político Cipriani, por Fernando Rospigliosi
    • Fernando Rospigliosi
    • Desde que llegó a Ayacucho en 1988 –fue nombrado obispo de esa diócesis en 1995–, Juan Luis Cipriani se hizo conocido nacionalmente por sus opiniones francas y a veces bruscas sobre asuntos que tenían que ver no solo con la religión y la fe sino con la política.
    Luis Pásara y Carlos Indacochea acaban de publicar un libro sobre el polémico prelado, “Cipriani como actor político” (IEP 2014), donde analizan su participación en la vida pública y el significado del Opus Dei –organización a la que pertenece– en la Iglesia Católica y la sociedad.
    El libro empieza recordando cómo en Ayacucho Cipriani, a diferencia de otros religiosos, se identificó de inmediato con las Fuerzas Armadas, en momentos en que los militares eran acusados de graves violaciones a los derechos humanos, y se convirtió en un ardoroso defensor del gobierno de Alberto Fujimori.
    Son famosas algunas de sus frases, como cuando se refirió en una entrevista con “Caretas” a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos como “esa cojudez”. O el cartel que puso en el obispado de una región que soportó el más alto número de desaparecidos, torturados y ejecutados extrajudicialmente por las fuerzas del orden: “Aquí no se atienden reclamos de derechos humanos”.
    Respecto uno de los asuntos más relevantes y sensibles de la década de 1990, dijo: “El caso La Cantuta está siendo utilizado políticamente y bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos se está dando el último intento de atropellar la libertad del pueblo peruano”.
    Y poco después, sobre los desaparecidos, “lo cierto es que los agarraron en una emboscada o un enfrentamiento y se los bajaron”, que era precisamente la versión oficial –y falsa– sobre los secuestrados de La Cantuta y muchos otros: se habían ido con los terroristas y muerto en combate.
    El libro concluye que en Ayacucho Cipriani estableció una alianza duradera con el gobierno de Fujimori y no solo asesoró a las autoridades civiles y militares, sino que desempeñó él mismo responsabilidades propias de la función gubernamental.
    Una de las razones de esta implicación de Cipriani es su pertenencia al Opus Dei, al que se define de raíz autoritaria emparentado con el franquismo a cuya sombra prosperó.
    El libro narra cómo el fundador del Opus Dei, José María Escrivá Albás, un modesto cura provinciano proveniente de una familia arruinada, hizo carrera a partir de la Guerra Civil española, cuando conoció a Francisco Franco, cultivó el favor de ricos y aristócratas y, lo más importante, de los jerarcas del movimiento.
    Paralelamente con su ascenso, cambió su nombre por el de Josemaría Escrivá de Balaguer y adquirió el título de marqués.
    El Opus Dei logró un éxito impresionante en la España franquista al captar a civiles ricos e influyentes –en 1973 dos tercios del gabinete de Franco pertenecían a la Obra– y desarrollar empresas y centros educativos con un peculiar sistema: no pertenecen al Opus Dei sino a sus miembros, que son controlados estrechamente por la organización.
    Desde fines de los 70, desaparecida la dictadura franquista, el OD recibió un nuevo impulso del Papa conservador Juan Pablo II, que lo convirtió en la única prelatura personal de la Iglesia Católica y nombró un número desproporcionado de obispos de esa organización en relación con su tamaño. En el Perú son aproximadamente el 20 % del total. También designó al primer cardenal de la Obra, Juan Luis Cipriani, luego de haberlo nombrado arzobispo de Lima y primado del Perú. 
    Por último, el libro detalla las batallas de Cipriani para imponer a la sociedad y al Estado sus particulares puntos de vista, oponiéndose al aborto y el control de la natalidad, al divorcio y la unión civil (los homosexuales son “personas enfermas o degeneradas que requieren atención médica especializada”).
    Los autores rescatan la interesante idea de Cipriani sobre la familia: “Dios pone al papá por encima de los hijos y lo hace respetable […] La mamá dispone del buen funcionamiento de la casa. Ese es el mensaje de Dios. El papá es la autoridad de todo el proyecto de la familia. […] La mamá […] corrige el carácter de los hijos, prepara las fiestas de cumpleaños, vela porque la ropa esté limpia, pone adornos y flores en las distintas habitaciones…”.
    En suma, un libro muy sugestivo sobre un personaje relevante.